Temía fracasar hasta que me di cuenta de que únicamente fracaso si no lo intento. Temía lo que la gente opinara de mí hasta que me di cuenta de que de todos modos seguirían haciéndolo. Temía el dolor, hasta que aprendí de que éste es necesario para crecer. Temía la verdad, hasta que descubrí la fealdad de las mentiras. Temía al ridículo hasta que aprendí a reírme de mi misma.