De tanto llorar, ya me quedo sin lagrimas. De tanto caer ya casi ni tropiezo. De tanto negar, ahora empiezo a aceptar. De tanto que me lastimaron, ya nada me duele. 
Ustedes se encargaron de que yo cambiara. Si me hubiesen ayudado a tiempo, no se quejarían de mis cambios. Si se hubiesen preocupado por mi.